El secreto del retrato
de Cervantes

Cierra los ojos e imagínate a Cervantes.

¿Cómo le ves?

Seguramente en tu mente, Don Miguel sea un señor flacucho de facciones marcadas con unos ojos tristes, bigote, barba picuda y entradas que va vestido con un jubón negro y lleva un cuello de lechuguilla blanco.

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Algo así, ¿no? Dibujo preparatorio para grabado Cervantes escribiendo el prólogo del Quijote de Luis Paret y Alcázar (antes de 1797). Biblioteca Nacional de España.

A lo mejor incluso le has imaginado con un brazo manco.

Hoy vengo a contarte que todo eso que te has imaginado, ese señor delgado, es fruto de un curioso malentendido.

A lo largo de su vida Cervantes se fue a la guerra, estuvo preso en cuatro ocasiones, intentó triunfar en el teatro sin éxito y cuando al fin alcanzó la fama con su Quijote, tenía 58 años. Entre medias de todo eso, le dio tiempo a arruinarse varias veces.

La vida de Cervantes fue muy entretenida y estuvo marcada por las penurias y la falta de dinero. Por eso probablemente, no se conserva ningún retrato suyo en vida. No tenía dinero para encargarlo y, aunque lo hubiera hecho, a día de hoy no se tiene constancia de su existencia.

Aquí el pobre se estaba recuperando de sus heridas de guerra de Lepanto. Don Juan de Austria visitando a Cervantes – Eduardo Cano de la Peña (1860 aprox.) Museo de Cádiz. Fuente: Biblioteca Nacional de España.


El retrato que generalmente se asocia a Don Miguel es una obra anónima que se encuentra en la Real Academia de Historia en Madrid que seguramente te resulte familiar:

Fuente: Biblioteca Nacional de España.

¿Te suena, verdad?

Durante años, se pensó que éste era el retrato auténtico que Juan de Jáuregui había pintado del escritor en el año 1600. Cuando a principios del siglo XX se descubrió que no era así, la decepción fue muy grande… aunque eso no ha impedido que la obra siga presidiendo el salón de actos de la Real Academia de la Historia, porque al fin y al cabo, no deja de parecerse a Don Miguel, ¿ o no? Y no hay nadie como Don Miguel…

El rostro real de Cervantes sigue siendo una incógnita. Y lo que nos queda es seguir imaginándonoslo.

Para ello, podemos ayudarnos de un extracto del prólogo de las Novelas Ejemplares en el que el autor se describe a sí mismo. Tenía 66 años y se veía de esta manera:

Páginas originales de la primera edición de las Novelas Ejemplares de la imprenta de Juan de la Cuesta de 1613.


Por si acaso no lo lees bien, aquí te dejo una transcripción del extracto en el que vemos el rostro de Cervantes:

Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis […]; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha […]. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo; herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos ni esperan ver los venideros […].


Pues oye, parece que coincide con ese señor flacucho del que hablaba al principio, ¿verdad? ¿Será una casualidad? ¿O quizás es que durante todos estos siglos hemos estado viendo a Don Miguel tal y como era? O tal y como quería que le viéramos: un hombre humilde de vida plena.